Por Redacción Guía Libre

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Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha dedicada a promover el cuidado de este órgano fundamental y crear conciencia sobre la prevención, el diagnóstico y la atención oportuna de las enfermedades neurológicas. La jornada fue impulsada por la Federación Mundial de Neurología, organización fundada precisamente un 22 de julio de 1957.

La conmemoración comenzó formalmente en 2014 y, desde entonces, busca recordar que la salud cerebral debe cuidarse durante todas las etapas de la vida. En 2026, la campaña internacional se desarrolla bajo el lema “Salud cerebral: acceso para todos”, con un llamado a reducir las desigualdades que impiden que millones de personas reciban consultas, medicamentos, rehabilitación y tratamientos especializados.

De acuerdo con organismos internacionales, más de 3 mil 400 millones de personas viven con alguna condición neurológica. Sin embargo, muchas de ellas enfrentan diagnósticos tardíos, escasez de neurólogos, elevados costos médicos, largas listas de espera o la falta de servicios disponibles en comunidades rurales y regiones alejadas de las grandes ciudades.

Las enfermedades neurológicas representan actualmente una de las principales causas de discapacidad y deterioro de la salud en el mundo. Entre los padecimientos con mayor impacto se encuentran los accidentes cerebrovasculares, la migraña, la epilepsia, el Alzheimer y otras demencias, el Parkinson, la meningitis, la neuropatía diabética y los tumores del sistema nervioso.

Aunque algunas enfermedades están relacionadas con la edad, los especialistas advierten que la salud cerebral comienza a construirse desde la infancia. La alimentación, el ejercicio, el descanso, la educación, el ambiente, la prevención de lesiones y el acceso a los servicios médicos pueden influir en el desarrollo del cerebro y en su funcionamiento durante la vida adulta.

Una de las principales recomendaciones es mantener una alimentación variada y equilibrada, basada en frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales, nueces, semillas, pescado y otras fuentes saludables de proteína. También se aconseja reducir el consumo de productos ultraprocesados, grasas poco saludables, azúcar y sal en exceso.

Los especialistas aclaran que no existe un alimento capaz de proteger por sí solo al cerebro o de impedir enfermedades como el Alzheimer. Más que recurrir a suplementos o productos presentados como milagrosos, la evidencia científica favorece patrones de alimentación saludables y sostenidos, como las dietas mediterránea, DASH o MIND.

La actividad física también desempeña un papel fundamental. En los adultos se recomiendan entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, además de actividades para fortalecer los músculos. Caminar, bailar, nadar o andar en bicicleta ayuda a controlar el peso, la presión arterial, la diabetes y el colesterol.

El cuidado cerebral también incluye mantener la mente activa mediante la lectura, la escritura, el aprendizaje de idiomas, la música, los juegos de estrategia o la adquisición de nuevas habilidades. Estas actividades pueden estimular las capacidades cognitivas, aunque no deben considerarse una garantía absoluta contra la demencia.

Dormir adecuadamente, mantener relaciones sociales, atender la depresión, controlar el estrés y evitar el aislamiento son otras medidas importantes. La salud del cerebro está relacionada tanto con el bienestar físico como con las condiciones emocionales, sociales y ambientales en las que vive cada persona.

También es necesario controlar factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el colesterol elevado, además de evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol. El uso de casco, cinturón de seguridad y equipo de protección ayuda a prevenir traumatismos en la cabeza que pueden dejar consecuencias neurológicas permanentes.

En el Día Mundial del Cerebro, los especialistas llaman a reconocer las señales de un accidente cerebrovascular: debilidad repentina en la cara, el brazo o la pierna; dificultad para hablar; pérdida de equilibrio; alteraciones de la visión, o un dolor de cabeza intenso y repentino. Ante cualquiera de estos síntomas se debe solicitar atención médica inmediata, pues actuar durante los primeros minutos puede salvar la vida y reducir las secuelas.