Resumen editorial:
- México alcanzó 104.9 millones de usuarios de internet en 2025, mientras la televisión abierta registró una audiencia inferior a la mitad de la población de seis años y más.
- El celular y las plataformas digitales amplían las opciones de entretenimiento e información; los medios tradicionales también participan en esos espacios.
- Revisar fuentes, fechas y evidencias ayuda a distinguir información confiable de publicaciones engañosas.
Por Redacción Guía Libre, con información de Nexos y Raúl Trejo Delarbre:
La televisión abierta y la radio compiten cada vez más por nuestra atención con plataformas de videos, redes sociales y plataformas digitales. En México, conectarse a internet ya es parte de la vida cotidiana de casi 105 millones de personas y el celular se ha convertido en el «rey» de los dispositivos. Pero tener más opciones también plantea una pregunta: ¿cómo distinguir la información confiable de lo que solamente busca llamar nuestra atención?
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, del INEGI, el país alcanzó 104.9 millones de usuarios de internet, equivalentes al 86.1% de la población de seis años y más. Una década antes, en 2015, la proporción era de 57.4%.
El cambio también se refleja en la televisión abierta: en 2025, el 49.1% de las personas de seis años y más declaró verla. Es decir, poco menos de la mitad. Esto se refiere a los canales de señal abierta, no a todas las otras formas de ver series, películas o videos.

De hecho, el televisor sigue teniendo un lugar en la vida digital: la mitad de los usuarios de internet utilizó una televisión inteligente para conectarse. El celular fue el dispositivo más extendido, con 97.3%. Una misma persona puede usar ambos equipos.
La radio también enfrenta cambios. En un análisis que sirve de base a esta nota, publicado en la revista Nexos, el investigador de la comunicación Raúl Trejo Delarbre señala, con cifras de la encuesta del INEGI, que la proporción de personas que la escuchaba pasó de 31% en 2024 a 29.8% en 2025. Sin embargo, estos datos no bastan para afirmar que la radio o la televisión estén por desaparecer.
Lo que está cambiando es la manera de elegir. Hoy podemos buscar un programa a cualquier hora, escuchar una entrevista mientras hacemos otra actividad o encontrar un tutorial cuando lo necesitamos. Los medios tradicionales también publican contenidos en sus plataformas de internet, donde conviven con creadores independientes y usuarios que comparten sus propias historias.
En ese espacio intervienen los algoritmos: sistemas que seleccionan y ordenan lo que aparece en nuestra pantalla. Para hacerlo pueden tomar en cuenta los videos que vemos, las publicaciones que comentamos y otros rastros de nuestra actividad. Por eso, dos personas que abren la misma red social pueden encontrarse con contenidos muy distintos.

Trejo Delarbre advierte que la competencia por conseguir clics puede llevar a algunos medios a privilegiar el escándalo, los títulos exagerados o la rapidez sobre la verificación. El problema aparece cuando una publicación promete mucho, explica poco o difunde una versión sin comprobarla.
Las redes también ofrecen oportunidades: permiten compartir conocimientos, mostrar problemas de una comunidad y dar espacio a voces que antes tenían menos posibilidades de ser escuchadas. El desafío consiste en aprovechar esa diversidad sin suponer que todo lo publicado tiene el mismo respaldo.
Para el lector, una medida sencilla es revisar quién publica, de cuándo es la información y qué pruebas presenta. Antes de compartir una noticia sorprendente, conviene leerla completa y buscar si otras fuentes confiables la confirman. Una fotografía real también puede resultar engañosa si corresponde a otro lugar o a otro año.
El investigador plantea que aprender a utilizar los medios digitales debe formar parte de la educación. Saber manejar un teléfono es útil, pero también hace falta reconocer publicidad, comparar versiones y distinguir una opinión de un hecho comprobado.
Podemos disfrutar una serie, escuchar la radio y descubrir videos desde el mismo dispositivo. Entre tantas posibilidades, vale la pena conservar un hábito: detenernos un momento antes de creer o compartir. Que una publicación nos guste o coincida con lo que pensamos no significa que sea verdadera.
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