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Las dos potencias tecnológicas negocian un mecanismo para compartir información sobre incidentes de seguridad relacionados con la IA.

– La iniciativa surge mientras crecen las advertencias de expertos sobre los riesgos de desarrollar sistemas cada vez más avanzados sin suficientes medidas de protección.

Por Redacción Guía Libre.

Estados Unidos y China, dos de los principales protagonistas de la revolución tecnológica mundial, comenzaron conversaciones para establecer un sistema de alertas que les permita notificarse mutuamente sobre incidentes relacionados con la inteligencia artificial (IA) que puedan representar amenazas para su seguridad nacional. La propuesta busca abrir un canal de comunicación entre ambas potencias en un momento en que el desarrollo acelerado de esta tecnología plantea nuevos desafíos para los gobiernos y las empresas.

El mecanismo, denominado “Diálogo Estados Unidos-China sobre IA”, contempla reuniones periódicas entre representantes de los dos países para identificar riesgos compartidos, intercambiar información sobre posibles amenazas y explorar acuerdos que permitan responder a situaciones de emergencia relacionadas con sistemas avanzados de inteligencia artificial. Así lo dio a conocer el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien confirmó que las conversaciones ya están en marcha.

La iniciativa representa un acercamiento en materia de seguridad tecnológica entre Washington y Pekín, cuyas relaciones han estado marcadas por la competencia económica, comercial y científica. Aunque ambas naciones buscan mantener posiciones de liderazgo en el desarrollo de la IA, también enfrentan riesgos que podrían trascender sus fronteras, como los ciberataques automatizados, el uso malicioso de sistemas inteligentes y las fallas en modelos capaces de ejecutar tareas sin supervisión humana constante.

Bessent explicó que uno de los principales objetivos consiste en sustituir la falta de información entre ambos gobiernos por una mayor transparencia. El funcionario consideró importante que las dos potencias puedan comunicarse cuando detecten incidentes relevantes, especialmente ante la posibilidad de que una amenaza tecnológica originada en un país termine afectando la infraestructura digital, los servicios o la seguridad del otro.

Las negociaciones retoman los acercamientos realizados después de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a Pekín en mayo pasado. Desde entonces, las preocupaciones sobre la seguridad de la inteligencia artificial se han intensificado debido a diferentes incidentes que han mostrado las capacidades de los modelos más avanzados y las dificultades de las empresas para establecer controles que evolucionen al mismo ritmo que sus herramientas.

Uno de los casos que alimentó el debate fue el incidente de seguridad relacionado con agentes de inteligencia artificial de OpenAI y la plataforma de desarrollo Hugging Face. El episodio puso de manifiesto que los sistemas capaces de utilizar herramientas digitales y ejecutar instrucciones complejas también pueden provocar problemas de ciberseguridad, incluso cuando operan dentro de entornos diseñados para evaluar sus capacidades.

La preocupación también ha llegado al interior de las compañías tecnológicas. Investigadores vinculados con Anthropic, desarrolladora del asistente Claude, han advertido sobre escenarios en los que sistemas de inteligencia artificial cada vez más autónomos podrían superar la capacidad humana para supervisar determinadas actividades. Estas advertencias forman parte de un debate científico y tecnológico sobre riesgos futuros, cuyo alcance y probabilidad siguen siendo objeto de discusión.

En medio de este escenario, figuras de la industria como Sam Altman, de OpenAI; Dario Amodei, de Anthropic, y Elon Musk han planteado la necesidad de reducir el ritmo de desarrollo de los sistemas más avanzados mientras se fortalecen los estándares de seguridad. Amodei también ha propuesto una coordinación internacional en la que participen los gobiernos, incluido el de China, para evitar que la competencia tecnológica dificulte la adopción de medidas preventivas.

Sin embargo, la administración de Donald Trump mantiene una postura distinta respecto de la posibilidad de frenar el avance de la inteligencia artificial. El mandatario ha defendido la necesidad de preservar el liderazgo estadounidense frente a China y ha advertido que una desaceleración unilateral podría representar una desventaja estratégica. Su gobierno sostiene, además, que las autoridades ya cuentan con instrumentos legales para actuar contra las empresas cuando incumplan sus responsabilidades.

Desde el sector empresarial también existen diferencias sobre la conveniencia de establecer nuevas reglas. Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, ha señalado que las compañías dedicadas a desarrollar inteligencia artificial ya están sujetas a disposiciones de ciberseguridad y responsabilidad por daños, por lo que considera necesario aplicar primero la legislación vigente. Por su parte, Thomas Wolf, cofundador de Hugging Face, ha cuestionado las posibilidades de alcanzar acuerdos internacionales mientras Estados Unidos mantenga como objetivo ampliar su ventaja tecnológica frente a sus competidores.

A estas diferencias se suma la disputa comercial por los semiconductores, componentes indispensables para entrenar y operar sistemas avanzados de inteligencia artificial.

Washington mantiene restricciones a la exportación de determinados chips y tecnologías de fabricación hacia China, con el propósito de limitar el acceso de ese país a recursos estratégicos.

De acuerdo con Bessent, estas medidas no fueron abordadas durante las conversaciones del fin de semana, que también incluyeron asuntos comerciales y preparativos para la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Washington, prevista para esta semana.

Por ahora, el diálogo bilateral se encuentra en una etapa de negociación y todavía no se ha anunciado un acuerdo definitivo sobre su funcionamiento. No obstante, la propuesta coloca sobre la mesa una pregunta que adquiere relevancia conforme la inteligencia artificial se incorpora a más actividades de la vida cotidiana: ¿cómo pueden los países competir por desarrollar la tecnología del futuro y, al mismo tiempo, colaborar para evitar que sus riesgos se conviertan en problemas de alcance mundial?

Fuente informativa: WIRED, artículo de Isabella Ward, publicado el 21 de septiembre de 2026.

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