Por Redacción Guía Libre, con información de The Independent y BBC Mundo.

Cada septiembre, las plazas se llenan de banderas, las cocinas huelen a pozole y las familias se reúnen para escuchar el Grito. La celebración parece tener un guion conocido por todos: campanas, vivas y una noche de orgullo mexicano. Sin embargo, detrás de esta tradición hay una historia mucho más compleja que la escena de un sacerdote convocando al pueblo con un estandarte en la mano.

Para empezar, la fiesta nocturna del 15 de septiembre conmemora un acontecimiento ocurrido durante las primeras horas del día 16. Fue entonces cuando Miguel Hidalgo y Costilla llamó a levantarse contra el gobierno virreinal en el pueblo de Dolores, Guanajuato. Ese episodio marcó el comienzo de la lucha independentista, aunque todavía faltaban once años para su consumación.

La diferencia entre ambas fechas ha alimentado una de las versiones más populares de las Fiestas Patrias: que Porfirio Díaz adelantó el festejo para hacerlo coincidir con su cumpleaños. Aunque el mandatario nació un 15 de septiembre, existen registros de celebraciones desde la víspera anteriores a su gobierno. Por ello, atribuirle la invención de la fiesta nocturna resulta equivocado.

Lo que sí ocurrió durante el porfiriato fue el traslado de la campana de Dolores a Palacio Nacional, en 1896. Su incorporación a la ceremonia reforzó el vínculo simbólico entre aquel levantamiento y la celebración encabezada por la Presidencia. El objeto histórico pasó a formar parte de una de las imágenes más reconocibles de las fiestas mexicanas.

Otra pregunta que parece sencilla, pero sigue abierta al debate, es qué dijo exactamente Hidalgo. No existe una transcripción realizada en el momento de su llamado. Las frases que conocemos proceden de testimonios y relatos posteriores, de modo que ninguna versión puede presentarse como una reproducción indiscutible de lo que escucharon los habitantes de Dolores.

Algunos relatos atribuyen al sacerdote vivas a la religión, a la Virgen de Guadalupe, a América e incluso a Fernando VII, además de expresiones contra el mal gobierno. Las diferencias entre esas versiones ayudan a entender por qué el Grito que hoy escuchamos debe verse como una ceremonia conmemorativa, cuya forma se construyó con el tiempo.

El historiador Carlos Herrejón, especialista en Hidalgo y en el movimiento insurgente, ha cuestionado varias veces las expresiones tradicionalmente asociadas con aquel momento. En una entrevista con BBC Mundo, sostuvo que los testimonios permiten identificar llamados a defender la patria y terminar con la opresión y los tributos. También explicó que Hidalgo pronunció distintos discursos aquel día, lo que pudo favorecer la mezcla de sus palabras en relatos posteriores.

Las intenciones políticas de los primeros insurgentes tampoco caben en una explicación única. La invasión napoleónica de España y la crisis de la monarquía habían abierto una discusión sobre quién debía gobernar los territorios americanos. Entre los conspiradores existían diferencias acerca de la relación con la Corona y del lugar que debían ocupar los criollos en el poder.

Por eso conviene tomar con cautela las afirmaciones tajantes sobre lo que todos buscaban desde el primer momento. Mientras algunas interpretaciones destacan la invocación a Fernando VII como parte del discurso inicial, Herrejón sostiene que Hidalgo aspiraba a una independencia absoluta. La controversia recuerda que una causa compartida podía reunir proyectos políticos distintos.

También hay un detalle visual que merece una segunda mirada: la imagen de Hidalgo dando el Grito con la Virgen de Guadalupe a su lado. Aunque esa representación se volvió habitual en ilustraciones y escenas patrióticas, el relato histórico sitúa la incorporación de la imagen guadalupana después de la salida de Dolores, durante el paso de los insurgentes por Atotonilco.

Ese episodio permite mirar los lugares de la Independencia como partes de un recorrido. Dolores representa el llamado inicial; Atotonilco, la adopción de uno de los símbolos más poderosos del movimiento. Para quienes disfrutan conocer México a través de su historia, relacionar ambos sitios ayuda a darle contexto a las imágenes aprendidas desde la escuela.

La otra gran confusión consiste en pensar que México quedó independizado en septiembre de 1810. Lo que comenzó entonces fue una guerra prolongada, con distintas etapas, dirigentes y proyectos. Hidalgo no alcanzó a ver su desenlace: murió fusilado en 1811, mientras la lucha continuó bajo otros liderazgos.

La consumación se conmemora el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México; al día siguiente se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Así, el bicentenario celebrado en 2010 correspondió al inicio del movimiento y el de 2021 a su culminación. Ambas fechas explican momentos diferentes de una misma transformación.

Septiembre también une a México con sus vecinos centroamericanos, aunque por acontecimientos distintos. Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica conmemoran el 15 de septiembre la independencia proclamada en Guatemala en 1821. Comparten esa fecha por su historia regional bajo el dominio español, no por el levantamiento de Hidalgo de 1810.

Entre antojitos, música y banderas, la noche mexicana ofrece una oportunidad para contar estas historias en familia. Saber por qué festejamos desde el 15, qué dudas existen sobre las palabras de Hidalgo y cuánto duró la lucha agrega sentido a la celebración. Cuando suenan las campanas, también resuenan las huellas de un proceso que fue mucho más largo y diverso de lo que cabe en un solo grito.

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